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Autor Tema: ''La música y el General José de San Martin''  (Leído 1841 veces)  Share 

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17 de Agosto de 2015, 08:49:41 pm
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''La música y el General José de San Martin''
« en: 17 de Agosto de 2015, 08:49:41 pm »
La música y el General San Martin

I-JOSE DE SAN MARTIN, MÚSICO
Un aspecto simpático aunque poco conocido de la vida de nuestros próceres es el de sus aficiones artísticas.Pocos saben que, por ejemplo, Juan Bautista Alberdi fue un notable compositor (autor de Minués muy al estilo romántico francés, sencillos pero interesantes, reestrenados como curiosidad por la Camerata Bariloche en los´90), que Juan Manuel de Rosas es autor de un libro de poemas dedicados a su hija Manuelita (perdido despues de Caseros), además de notable guitarrista, que el general Lamadrid alternaba la composición de vidalitas ( cuyas letras se conservan en sus "Memorias") con sus dotes de cocinero, mientras que Sarmiento, en San Juan fue, junto a su amigo Antonino Aberastain integrante de un grupo de teatro en que participó como actor y director. Aquí no termina la lista, pues habría que mencionar a José Artigas y Bernardo O´Higgins, ambos acordeonistas, sumándosele al segundo dotes notables de pintor, conservándose varios cuadros suyos que representan episodios de la Campaña de Chile con San Martín. Tambien fue pintor don Manuel Belgrano, y según parece, tan malo o tan autocrítico, que destruía sus obras nada más terminadas. Le fue mejor con la poesía. En un estilo bastante clásico, dedicó unos versos a Juana Azurduy, reproducidos en una nota anterior en este mismo sitio.
José de San Martín no fue la excepción: En el Museo Histórico Nacional se conservan algunas acuarelas suyas ( las marinas que adornan la habitación en que falleció) y se destaca como obra original el diseño de la primera bandera peruana. Su afición fue compartida por su hija Mercedes, autora de un retrato de Simón Bolivar, una copia del Estandarte de Pizarro y un retrato del Libertador anciano. No es obra de Mercedes el famoso retrato "de la Bandera" favorito del Gran Capitán, sino que parece ser más bien de su maestra de pintura, cuyo nombre se desconoce.
San Martín tuvo también formación musical. Luis Enrique Azarola Gil ("Los San Martin en la Banda Oriental") dejó establecido que el Libertador no fue alumno del Seminario de Nobles de Madrid (su nombre no figura en los registros de alumnos, que Azarola revisó entre los años 1770 y 1799), lo cual se vería confirmado por varios hechos: Su padre no era noble ( las fojas de servicios del Capitán don Juan de San Martín lo señalan como "de clase" Labrador" o "Hijo de Labrador" logrando ascender a la clase de oficial desde los grados inferiores de la tropa, cosa insólita en la época y que nos da una idea de sus virtudes militares), ni podía hacer frente a los costos de semejante instituto.El paso de San Martín por dicho Instituto le fue atribuído por Justo Figuerola y Estrada, Catedrático de la Universidad de San Marcos de Lima en 1821, historia repetida, sin confirmación por Juan García del Río (autor de una Biografía de San Martín bajo el nombre de Ricardo Gual y Jaén) y por Bartolomé Mitre. La calidad de "Noble" con que es calificado San Martin proviene del hecho que, al alcanzar su padre el grado de Capitán, este hecho en sí le confería nobleza, y su ingreso como Cadete en el regimiento de Murcia era equiparable a la ceremonia de ser armado Caballero. Por otra parte, en el Seminario se enseñaba violín y clave, instrumentos "elegantes"que San Martín no tocaba, prefiriendo la más "plebeya" guitarra, cuyos rudimentos pudo aprender en los campamentos militares, pero cuya técnica perfeccionó nada menos que con el compositor y guitarrista Fernando Sor (1778-1839), cuyos "Estudios" son la base de la formación de todo guitarrista aún en la actualidad y cuyos méritos le valieron el apodo de "Beethoven de la guitarra" . Sor fue autor, además de dos sinfonías, un concierto para violín y orquesta, varias óperas ("Telémaco en la isla de Calipso") y ballets. Es de destacar que éstos compositores de importancia, en general no aceptaban a cualquier alumno, por lo cual, las dotes musicales del Libertador deben haber sido notables.Sabemos también por testimonios, que San Martín cultivó y gustó de su arte. El coronel Félix de Olazábal cuenta en sus memorias que San Martín "después de elaborar un plan de combate, trazando mapas y otros elementos necesarios, pedía la guitarra a su asistente y así tonificaba su espíritu en la intimidad de su alma." Una de las guitarras de San Martín ostentaba esta leyenda en su interior:"Juan Pagés- la hizo en Cádiz- año 1815". Sin embargo no podemos afirmar que el Libertador haya sido también compositor: no se conservan partituras suyas y lamentablemente si fue buen improvisador (todos los músicos de la época lo eran) no han quedado testimonios que nos dieran una idea de sus dotes, ya que no existían grabaciones y nadie tomó nota (en música, se entiende) de las mismas.
II. LA MUSICA MILITAR A LA LLEGADA DE SAN MARTIN
Antes de la creación de los sistemas radioeléctricos, las comunicaciones en el campo de batalla de realizaban mediante señales visuales ( banderas, antorchas) o sonoras. Los "toques" son fragmentos melódicos establecidos por los jefes para transmitir sus órdenes a lugares del campo de batalla fuera del alcance de la voz. Dichos fragmentos deben ser sencillos, para que músicos poco entrenados puedan aprenderlos con facilidad, y bien diferenciados para que no se confundan con las señales del enemigo.Una confusión de toques parece haber sido la causa de la derrota patriota en Vilcapugio: Pezuela, derrotado al principio, ordenó la retirada de su ejército y una fracción patriota confundiendo las órdenes, se dió a la fuga, ocasión aprovechada por el jefe realista para rehacerse y derrotar a los criollos.
Los toques eran ejecutados por instrumentistas diferenciados según el arma: la infantería utilizaba tambores y pífanos (flautines) a menudo ejecutados por chicos de entre 8 y 12 años, que avanzaban por delante de las tropas en la batalla (para que el enemigo, enternecido, desviara su fuego). De esta forma, aún en las batallas más sangrientas, se creía que el porcentaje de músicos muertos sería mínimo (lo que no era cierto). Incluso, entre los ingleses, si un soldado sobrevivía las batallas más feroces, se decía que tenía "suerte de tambor". La caballería requería de instrumentos que dejaran libre una mano para controlar el caballo, por lo cual se prefirieron instrumentos de bronce (Clarines, trompetas lisas o bugles) para los toques reglamentarios. Las trompetas y cornos lisos (hasta 1845, en que Adolphe Sax-inventor del saxo-agregó pistones y válvulas ampliando sus posibilidades sonoras) sólo podian ejecutar una serie de armónicos (1ra, 3ra , 5ta.y 8va notas de la escala, o sea en la escala de Do Mayor- la mas conocida, para que se entienda- sólo las notas Do, Mi, Sol y Do de la octava siguiente, y cada partitura requería de instrumentos afinados en una determinada tonalidad: asi, en las partituras se pide, P. Ej: Trompetas en Mi bemol o en Re, Cornos en Fa,etc.), por lo cual, los "toques" de caballería solo constaban de tres o cuatro notas en las mas diversas variaciones rítmicas. Las "Ordenanzas militares para infantería, caballería y Dragones" (Madrid, 1728) enumeran los toques, acompañados por las correspondientes partituras:
a) para la caballería (Trompetas)
Llamada
Botasilla
A caballo
Marcha
A degüello
b) Para la infantería (Pífanos y tambores)
Generala
Asamblea
Bandera
Marcha
Retreta
Bando
Llamada
Misa
Oración
Orden
Fajina
Baqueta
Diana
Calacuerda
A fines del Siglo XIX, Francisco Faramiñán, compositor amigo de Juan Pedro Esnaola (autor del arreglo del Himno Nacional que se ejecuta actualmente) reconstruyó en partitura (en base a testimonios orales) la "Diana" ejecutada por el Ejército de los Andes, para trompetas lisas y tambores, que actualmente ejecuta la Banda "Tambor de Tacuarí" del Reg. de infantería 1 " Patricios". Se trata de una partitura muy simple, a dos partes de trompeta lisa y tambores duplicando rítmicamente. Escrita en Do Mayor, con armonías muy elementales, podía ser ejecutada por cualquier par de trompetas (en Do, Re o Mi bemol) siempre que fueran iguales, ya que melódicamente suenan sólo las notas del arpegio mayor (Do, Mi, Sol,Do) que por los intervalos pueden transportarse fácilmente (Re, Fa sostenido, La y Re, en las trompetas en Re,o Mi bemol, Sol, Si bemol y Mi bemol,en el segundo caso). Las trompetas en Mi bemol ofrecerían la ventaja de poder utilizarse con los clarinetes (afinados en Si Bemol) y otros instrumentos de banda, de afinación similar.
Desde el siglo XVIII se había establecido la costumbre práctica de dotar a los músicos regimentales de uniformes diferenciados del resto de la tropa: lo más común era trocar los colores ( si el uniforme era azul con vivos rojos, los músicos vestirían de rojo con los vivos azules) para hallarlos más pronto en medio de la batalla. Esta costumbre, en las guerras napoleónicas se exageró hasta el punto de dotar a las bandas de uniformes mucho más adornados que al resto del regimiento en el que servian, siendo común que los jefes pagaran de su bolsillo el vestuario de los músicos, que, agregados a tambores y trompas de órdenes se fueron convirtiendo en un elemento "de lujo"para exhibir en desfiles y ceremonias. El general realista García Camba cuenta en sus "Memorias" que, habiéndose capturado en combate un uniforme del general Sucre, se le entrego al Tambor Mayor del regimiento "Gerona" para que lo llevara en reemplazo del propio del regimiento. La música militar de los ejércitos realistas en América en esa época se limitaba a la "Marcha Granadera" ( origen de la actual Marcha Real Española) y la "Marcha de infanteria" que no es otra que la "Marcha de los Fusileros" que interpreta actualmente la Banda del Reg. Patricios, aunque en arreglos mucho más sencillos, para dos partes de pífano y tambores.
III-EL REGIMIENTO DE GRANADEROS
La denominación "Granaderos a Caballo" designa tradicionalmente unidades de caballería pesada como los Coraceros. En la batalla de Poltava (1705), una unidad de este nombre combatió en el ejército ruso del Zar Pedro I "El Grande", y en la Grande Armee de Napoleón, los "Grenadiers a Cheval" eran una unidad de élite de la famosa Guardia Imperial. Posiblemente pensara en ellos San Martín al fundar, el 16 de marzo de 1812 el Regimiento de Granaderos a Caballo que heredaría su nombre, aunque como unidad de caballería fuese mas bien una síntesis de lo que significaba la Caballería como arma, cumpliendo, a lo largo de su historial misiones de choque, como los "pesados"(como las cargas de Maipú y Chacabuco) y misiones de "ligeros"(en acciones menores de guerrilla,exploración y vanguardia, como la cumplida por Miguel Caxaraville en Requinoa, dias despues de Cancha Rayada). En realidad, los Granaderos se convirtieron en una verdadera escuela de guerra moderna, tanto para su arma específica, como para las demás. Al diseñar su plana, San Martín incluyó un trompa de órdenes que debía formar siempre al lado del Coronel. Durante el combate de San Lorenzo cumplió estas funciones el Sargento Julián Ponce (1795-1890), nacido en Cosmes (Corrientes), que también hizo las campañas de Chile, Perú, Brasil y Caseros. Recordemos que en San Lorenzo fue rescatado un lanchero paraguayo prisionero de los realistas, que se incorporó al regimiento, vestido con el uniforme de uno de los muertos, e inició sus servicios como trompa de órdenes, y ascendió grado por grado hasta ser el Coronel que trajo los restos del Regimiento después de Ayacucho: José Félix Bogado.
Otro personaje atrayente de ésta historia fue el guaraní Miguel Chepoyá. Nacido en el Cacicazgo de Marayuguá, pueblo de Santa María la Mayor, a los 18 años se incorporó a la 2da Compañía del 2do. Escuadron del Regimiento, haciendo todas las campañas entre 1812 y 1824, regresando a Buenos Aires el 13 de febrero de 1826 y siendo uno de los siete últimos sobrevivientes de la primera camada del Regimiento, salida de Retiro en 1812, y habiendo servido a órdenes de los generales Belgrano, Rondeau, San Martín, Bolívar y Sucre, alcanzando el grado de Cabo.
IV- EL EJERCITO DE LOS ANDES. CAMPAÑA DE CHILE
Sin lugar a dudas, el Ejército de los Andes fue el primero de América en merecer tal nombre, por el cuidado que puso San Martín en su organización, que llegaba hasta aspectos que, hasta ese momento, ningún jefe había tenido en cuenta, cuidando personalmente de todo, desde la instrucción del soldado hasta la forma que debían tener las botas para ser más cómodas. Aspectos tales como la asistencia espiritual del soldado o su alimentación diaria fueron orgánicamente satisfechos de una forma sistemática que funcionaba a la perfección: El primer servicio de Capellanes militares, dedicados exclusivamente al Ejercito, fue creado por San Martín, quien puso a su frente al Padre José Lorenzo Güiraldes, mientras que las raciones fueron científicamente determinadas por el Cirujano mayor, Dr. Diego Paroissien.
La música, como estímulo para mantener la moral del soldado elevada, acompañarlo en marchas y desfiles y aún en la batalla fue uno más de los elementos tenidos en cuenta por el Libertador: en Europa había sido testigo de esos temibles asaltos de la infantería francesa, que avanzaba a la bayoneta cantando sus himnos de batalla "La victoire est a nous","On va leur percer le flanc" o "Le chant de l´Oignon" , así como los famosos ataques de los infantes escoceses acompañados de sus gaitas, y por supuesto, se preocupó de dotar a su Ejército de bandas militares mas o menos completas y que sonaran aceptablemente. De ésta época se conocen los nombres de algunos músicos sobrevivientes, como el negro Domingo Lara, quien murió centenario tras haber sido trompa de órdenes en Chacabuco y Maipú, José Pons tambor del Batallón de Artillería de los Andes, veterano del Alto Perú,Chile y el Perú, un tal Latorre (no se conoce su nombre de pila)Tambor Mayor en el Alto Perú y Chile, y José Agapito Roco, Tambor Mayor del Batallón Nº7, (que solo contaba con tambores de órdenes).
El Ejército de los Andes contó con dos bandas más o menos completas, en los batallones nº 8 y 11 de los Andes. El músico chileno José Zapiola ( sin parentesco con nuestro General) cuenta datos curiosos sobre la primera:"En 1817 entró en Santiago el Ejército que a las órdenes de San Martín había triunfado en Chacabuco. Este Ejército trajo dos bandas regularmente organizadas, sobresaliendo la del batallón Nº 8, compuesta en su totalidad de negros africanos y criollos argentinos (...) Estas bandas eran superiores a la única que tenían los realistas en el batallón Chiloé, que era detestable"
Los ensayos llevaban un pesado trabajo al director. Seguimos a Zapiola:" El músico Mayor, Matías Sarmiento (...)tocaba el requinto (clarinete mas pequeño y agudo que el común)y enseñaba a la banda instrumento por instrumento haciendo oir a cada uno su parte por separado, y siendo el el único que sabia algo de música, pues todos la ignoraban (...) aprendía de oído lo que el les repetía (...)Sarmiento antes de enseñar a los demás, tenía que estudiar el primero y el segundo clarinete. Los demás instrumentos acompañaban como podian(...)
Se conservan dos cartas de Las Heras a San Martín relacionadas con las bandas. En la primera (29 de agosto de 1816) se solicita el traslado del clarinetista Enrique Vargas del Nº 8 a la banda del Nº 11. En la segunda (22 de octubre de 1816) solicita exenciones para el emigrado chileno Manuel Sotomayor, director de la banda del Nº 11.
La banda del Batallón Nº 11 tiene antecedentes curiosos: en 1810, Rafael Vargas había adquirido en Buenos Aires 16 esclavos y los envió a estudiar música. Los posibles maestros habrían sido Víctor de la Prada, que ese año abrió en la Capital una escuela de música, un músico inglés, desertor o prisionero de las invasiones de 1806 o 1807, radicado en Buenos Aires, y cuyo nombre no se ha conservado o don Blas Parera, quien en 1813 sería creador de nuestro Himno Nacional, y autor de la música de otras canciones y marchas que aspiraron a serlo. Estos 16 negros, provistos de uniformes e instrumentos, animaban las fiestas y reuniones privadas de su amo, así como algunas festividades públicas. El hermano de Rafael Vargas, don Pedro, un ciudadano de "perfil bajo" en Mendoza hacia 1816 comienza a hacer ostentación de partidismo por la causa realista, con gran escándalo de su familia, que renegó de él, mientras San Martín lo perseguía como enemigo de la Patria, enviándolo reiteradas veces a prisión. Lo que nadie ( ni la esposa de Pedro Vargas, que hasta pidió la anulación de su matrimonio) sabía es que don Pedro obraba de acuerdo con San Martín, para infiltrarse en los nidos de espías realistas, brindando al Libertador información valiosísima que permitió descubrir a los enemigos,y desinformar a los jefes españoles en Chile. Después de Maipú se le hizo la correspondiente justicia, pero mientras tanto, su hermano ( por patriotismo, sin duda, pero también para alejar sospechas) donó al Ejército la banda completa, con vestuarios e instrumentos. Los esclavos incorporados automáticamente ganaban su libertad, mientras defendian la nuestra.
Las bandas acompañaron al Ejército en el paso de los Andes y desde la cuesta del Valle Hermoso, a la vista del territorio chileno, fueron las ejecutantes de nuestro Himno Nacional, que resonó en Chile como anuncio de su libertad. El 12 de febrero de 1817, en Chacabuco se logró el gran triunfo. En un cuadro de Jose Tomás Vandorse (1863) se ve al batallón Nº 8 acompañado por una banda de treinta músicos. Alli cayó prisionera la banda del Regimiento de Talavera, formada por 17 tambores, 4 pífanos y 4 cornetas.
En los momentos previos a la batalla de Cancha Rayada , las bandas rindieron homenaje al santo patrono de San Martín, San José, en el día de su festividad (19 de marzo de 1818)
En la batalla de Maipú fue hecha prisionera completa la banda de música del Regimiento de Burgos, formada por 2 redoblantes, 2 tambores, 2 panderetas, 2 clarinetes, 1 corno, 1 corneta, 1 fagot y 1 "media luna" ( instrumento de viento similar al "Cornu" de las legiones romanas). Los prisioneros fueron incorporados al ejercito patriota, de acuerdo a la costumbre de la época.
El 22 de julio de 1817, San Martín y O´Higgins fundaron en Santiago una Academia de Música, dirigida por el teniente Antonio Martínez, que contó en un principio con 50 alumnos, provista con instrumentos traidos de Londres y Estados Unidos.Quedó conformada por dos conjuntos: el primero contaba con 1 flautín, 1 requinto, 6 clarinetes, 1 serpentón, 1 trombón, 2 cornos, 2 cornetas, 2 medias lunas,2 panderetas,bombo, redoblante y dos pares de platillos. El segundo contaba con 8 flautines,4 flautas,7 clarinetes,6 "pitos" (?) pandereta, triangulo, y 6 "cañitas" (¿repuestos para la embocadura del clarinete?).
El repertorio de las bandas del Ejérito de los Andes incluía danzas populares como la Sajuriana, el Cielito y el Cuando, así como marchas y valses. Entre 1810 y 1818 se habían compuesto numerosas marchas en Buenos Aires, en su mayoría debidas a la pluma de Ambrosio Morante y Blas Parera. En su obra "Las Bandas Militares" Vicente Gesualdo cita las siguientes:
"Marcha Patriótica" Letra de Esteban de Luca, música de Blas Parera, Noviembre de 1810. Sus primeros versos dicen:
"La América toda
se conmueve al fin
y a sus caros hijos
convoca a la lid"
"Canto Patriótico" Letra de Fray Cayetano José Rodríguez, Música de Blas Parera, 1811
"Marcha Oriental" Letra de Bartolomé Hidalgo, 1812
"Canto Patriótico" Letra de Saturnino de la Rosa, música de Blas Parera, estrenado el 29 de mayo de 1812.
"Himno al 25 de Mayo", Música de Luis Ambrosio Morante,estrenado el 24 de mayo de 1812
"Marcha militar y patriótica", Música de Luis Ambrosio Morante, 1816.
"La Azulada bandera del Plata" Letra de autor anónimo, música de Blas Parera, 1818 (en Youtube hay una versión grabada)
Y resulta notable que una pieza tan complicada como el Himno Nacional ( difícil aún para los músicos mejor preparados de la actualidad) pudiese ser parte del repertorio, teniendo en cuenta las características de los ensayos. Tuve la oportunidad de dirigirlo, frente a una excelente orquesta de profesionales (Sinfónica de Bernal), y aún así, por sus cambios de tempo, la cadenza del Coro ("Coronados de Gloria vivamos") y el Accelerando del final, que ataca súbitamente sin dar la oportunidad de advertir a los musicos la velocidad de interpretación, nos ha dado varios dolores de cabeza. Es de imaginar los que habrán sufrido don Matías Sarmiento y don Manuel Sotomayor, que además tenían que enseñarlo de oído...
V-CAMPAÑA DEL PERU
Los fogones de los campamentos criollos tradicionalmente han sido verdaderos ateneos donde los cuentos, las historias y las canciones animaban las noches de los soldados,y donde desaparecía la distinción de los grados. Allí, el soldado que cebaba un mate al coronel, con confianza impensada en otro acto de servicio, le pedía que narrara una historia, o intercambiaba chistes con el sargento en un clima real de camaradería desconocido en otros ejércitos. El general Guillermo Miller, incorporado en 1817 al Ejército de los Andes como Capitán narra en sus "Memorias":" Entre los oficiales había algunos jóvenes excelentes y todos eran sumamente amables, la mayor parte tocaban la guitarra o cantaban (...)canciones patrióticas o himnos a la libertad se oían hasta muy tarde en el campamento (...)".
El 20 de agosto de 1820, comienza la segunda parte de la gran aventura: el ejército Libertador zarpa hacia el Perú:A bordo, tambien la música contribuyó a disipar la monotonía del viaje: Continua Miller:"Cuando no estaban de servicio, cantaban canciones nacionales, y cuando los oficiales bailaban sobre cubierta a popa, ellos (los soldados) bailaban con los marineros en el combes y el entrepuente".
Producido el desembarco en Pisco,el 8 de setiembre de 1820, el Virrey del Perú, Pezuela, quiso"tantear" alejército Libertador, para lo cual envió un parlamentario(15 de setiembre de 1820). Sale aquí a relucir la astucia (y, por que no, el sentido del humor del Libertador) que utilizó sus bandas para engañarlo. Seguimos aquí el relato del General Gerónimo Espejo, que no tiene desperdicio:"El parlamentario era el Alférez de Húsares de la Guardia don Cleto Escudero, mozo muy despierto y de carácter festivo, y venía vestido con el lujoso uniforme y dormán de su Cuerpo:mas como en la parte reservada de su comisión suponíamos que entrase el número de retretas que por la noche oyese romper en casa del General en Jefe, se dispuso un simulacro de bandas que lo desorientase y en este concepto, el Jee de E.M. dispuso que se arreglasen unas con música y cajas, otras con cajas y pífanos,otras con cajas y cornetas y otras de cornetas solas, en mayor número del que contaba realmente el¨Ejército. Así fué que, llegada la hora de la retreta empezó el estrepitoso toque de unas bandas tras otras, y advertimos que el parlamentario se fijaba y parecía llevar la cuenta de ellas: mas en cuanto pasaron de veinte, Escudero empezó a desconfiar de la verdad, lo cual dio lugar a un ligero episodio que voy a permitirme referir tal cual ocurrió- Escudero era natural de Andalucía y hablaba con ese acento marcado peculiar a los de esa provincia de Españ, y dirigiendose al edecán Caparroz le dijo"Digame usted:¿Cuantas músiicas tienen ustedes?" y el Capitán Caparroz, sin detenerse le respondió "Veinte.¿y ustedes?" Escudero contestó con el golpe"Cincuenta, y con la de la Catedral, cincuenta y una".Este pequeño dialogo excitó la hilaridad de los presentes". Este episodio recuerda más bien esas partidas de truco en que gana el mas mentiroso: San Martin contaba sólo con dos bandas (la del Nº 8 y la del Nº 11), y escasos 5000 hombres en total, para enfrentar a los 19.000 del ejército virreinal. ¡Por algo, Ricardo Rojas nos habla de "La Guerra Mágica del Perú"!
Julio de 1821 fue un mes rico en acontecimientos: el 10, San Martin entra en Lima y el 28 proclama la Independencia del Perú ( celebrada con un baile de gala en el Cabildo limeño)
El 7 de agosto, tras asumir el Protectorado, San Martín emitió el siguiente decreto: "El entusiasmo patriótico es un manantial inagotable de virtudes. El genio de la América ha inspirado en los pechos Peruanos aquel sagrado fuego y es justo y necesario alimentar su llama por cuantos medios sean imaginables. Entre ellos se presenta como uno de los más poderosos la adopción de una Marcha Nacional por el influjo que la música y la poesía ejercen sobre todas las almas sensibles.
Al efecto se invita a todos los profesores de bellas letras, a los compositores y aficionados que amen su Patria y se interesen en su prosperidad para que dirijan sus producciones firmadas al Ministerio de Estado antes del 18 de setiembre próximo, en cuyo día se decidirá por una comisión de personas inteligentes cual es la composición que por su música y letra merezca la distinción de ser adoptada como Marcha Nacional del Peru. El nombre de su autor se dará al publico para que al mismo tiempo sea considerado por el Gobierno y recoja de sus conciudadanos el tributo de gratitud a que es justamente acreedor" . La iniciativa sanmartiniana tuvo rápida respuesta y nace así el Himno Nacional del Perú, con texto de José de la Torre y música de José Bernardo de Alcedo:
"Somos libres, seámoslo siempre,
y antes niegue sus luces el sol
que faltemos al voto solemne
que la Patria al Eterno elevó"

Mientras tanto, la guerra continuaba. La expedición encabezada por Miller a Puertos Intermedios logra triunfos sobre el jefe realista Santalla en Copurí y Caguachi, donde se destaca el teniente José Saura, que había comenzado su carrera como Tambor Mayor de Arribeños. Entre los prisioneros realistas figuran cuatro cornetas del regimiento "Cosacos del Marqués de Quimper": Lucas León, Manuel Moreno, José Gallano y Vicente Paredes. El 20 de setiembre, la fortaleza más poderosa de la América del Sur, se rinde casi sin disparar un tiro: El Callao se convierte así en una de las más grandes (y tal vez menos apreciadas) victorias del Libertador: El Acta de Capitulación establece en su Art. 1º:"La guarnición de la Plaza del Callao saldrá por la puerta principal con todos los honores de la guerra, dos cañones de batalla con sus correspondientes tiros, vandera (sic)desplegada y tambor batiente"
El 15 de diciembre de 1821 se entregan las condecoraciones de la Orden del Sol. Participaron las bandas de los batallones "Numancia", Nº 8 y Nº 11, que ejecutaron los Himnos nacionales de la Argentina, Chile y el Perú. Dias antes, el 7 de octubre, se había jurado el Estatuto Provisional. En el sarao brindado por San Martin cantó la profesora Rosa Merino

VI-LAS ULTIMAS CAMPAÑAS
El 24 de mayo de 1822, las tropas del General Sucre, con auxilio de una division enviada por San Martín, derrotaron y obligaron a capitular al Mariscal español Melchor Aymerich en Pichincha. La "Gaceta Extraordinaria del Gobierno" (Lima, lunes 24 de junio de 1822) trae la relación de los heridos en la batalla y los soldados más distinguidos.Entre los primeros se menciona al "Maestro de Pífanos" Bruno Arias y entre los segundos a los "Cavos de tambores" Benito Lisares y Bruno Arias, así como al "Maestro de pitos" Pedro Sánchez y al Corneta José Morales. En la lista de soldados figura también Jose Palomino, quien se convertiría en un singular personaje: este Palomino (que usó tambien los apellidos Obregoso u Orbegoso) sirvió alternativamente en los ejércitos patriotas y realistas ( situación nada extraña entre la tropa, y más aun siendo músicos, es decir, especialistas). Conocido entre las fuerzas patriotas como trompa de cazadores a Caballo, fue capturado (él diria posteriormente "rescatado") al rendirse en Ayacucho la banda de clarines del Regimiento Húsares de Fernando VII. Venido a Buenos Aires, luchó en a guerra con Brasil y acompañó con singular fidelidad a Lavalle en sus campañas contra Rosas, ostentando el grado de Ayudante Mayor, pero siempre en su función de trompa. Con el grado de Coronel llegó a combatir en la guerra de la Triple Alianza, también tocando el clarín, y conocido entre sus camaradas con el apodo de "El trompa de Ayacucho". El único retrato que se conoce del Coronel Obregoso (como fue definitivamente conocido) lo muestra luciendo 8 escudos, 10 medallas y un cordón, pero una investigación posterior conducida por el General Espejo dejó en descubierto que, si bien había luchado en la Guerra de la Independencia, gran parte de las hazañas que se atribuía eran producto de su imaginación y sus condecoraciones eran falsas, aunque innegablemente, su vida como soldado y trompa entre 1820 y 1824 no había sido muy distinta de la de otros camaradas, obligados a incorporarse a un bando u otro según fueran las contingencias de la guerra. Obregoso falleció en la miseria el 25 de octubre de 1877.
El ultimo personaje de nuestra historia, tiene una historia más desagradable: el sargento Dámaso Moyano, cuyo rostro (según el chileno Zapiola) estaba "Marcado por el sello de Judas por medio de un horrible chirlo que le atravesaba la cara". Moyano, Tambor mayor del Nº 8, junto al Sargento Francisco Oliva fueron los cabecillas de la sublevación que entregó (5 de febrero de 1824) la plaza del Callao a los realistas, durante la cual habría sido muerto el negro "Falucho" por negarse a rendir honores a la bandera del Rey. Moyano fue ascendido por los realistas al grado de Brigadier, y lo mismo ocurrió con Oliva, muriendo ambos en España, sin haber jamás recibido mando efectivo y despreciados por los mismos españoles.
Hasta aquí este recuerdo para los humildes músicos que acompañaron la hazaña. De sus instrumentos salieron, como anuncio de la Independencia las notas de nuestro Himno Nacional, que resonó en toda América, coreado por las voces de los titanes que la liberaron. Que los sones de nuestras Bandas actuales sigan teniendo la resonancia del clarín de Chepoyá, de Julián Ponce, de Bogado, si algún día la Patria nos vuelve a llamar para defenderla...


Fuente: Banda Infanto-Juvenil de la Policía de Formosa







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"Quien te lastima te hace fuerte, quien te critica te hace importante, quien te envidia te hace valioso, y a veces es divertido saber que aquellos que te desean lo peor, tienen que soportar que te ocurra lo mejor"